Nota original:
https://www.clarin.com/arq/arquitectura/dallas-pinamar-arte-mejora-ciudades_0_SJQR2femG.html

Desde los 80, el arte se convirtió en una herramienta de desarrollo urbano. Pinamar ya instaló treinta y tres obras contemporáneas en espacios públicos. Los casos de Resistencia y Dallas.

¿En qué se parecen Dallas y Pinamar? En que las dos ciudades echaron mano de las esculturas para darle calidad a sus espacios urbanos. Cada una a su manera, cada una a su escala. La estrategia no es nueva, desde hace décadas existe toda una corriente del urbanismo que trabaja la regeneración de barrios y ciudades mediante el arte.

Los Fundadores. Obra munumental en acero oxidado del artista Alberto Bastón Díaz.

Los Fundadores. Obra munumental en acero oxidado del artista Alberto Bastón Díaz.

Y no es que lo diga yo, el rumano Georgic Mitrachea, decano en la Universidad de Arquitectura y Urbanismo ”Ion Mincu” de Bucarest, asegura que el arte es un antídoto contra la desaparición de la gente del espacio público. O más bien, para su reinserción. Es que el abandono creciente de los vínculos directos de persona a persona, la preeminencia de las redes sociales y la mediatización de las formas de comunicación está requiriendo de un esfuerzo extra para activar los espacios públicos, antiguos lugares de socialización por excelencia.

Bastón Díaz. El artista junto a su obra Serie de la Ribera de 2000.

Bastón Díaz. El artista junto a su obra Serie de la Ribera de 2000.

Mitrachea segura que desde los 80, “el arte público fue llamado a resolver los problemas urbanos, desde la regeneración de los barrios periféricos hasta la formación de identidades culturales en toda una ciudad”. Eso es lo que está pasando en muchas ciudades, desde Dallas hasta Pinamar, haciendo escala en Resistencia, la Ciudad de las Esculturas, que tiene una larga experiencia en el uso urbano del arte.

Laberinto. obra de Mariana Schapiro de 2000.

Laberinto. obra de Mariana Schapiro de 2000.

Hoy, en Pinamar, más de treinta esculturas de reconocidos artista argentinos esperan en un galpón la oportunidad de hacer pie en un espacio público adecuado. Una cantidad igual ya encontró su ubicación en distintos puntos de la ciudad balnearia. Forman parte de la iniciativa “Respirá Arte Pinamar”, la que podría ser considerada una acción artística a escala urbana, o un plan urbano con dimensión artística.

Gato. Obra de Carlos Alonso.

Gato. Obra de Carlos Alonso.

Lo cierto es que la tarea en la que está comprometida Pinamar S.A. no es una casualidad, ni un hecho aislado. El arte, como te decía, se ha convertido en una herramienta de desarrollo urbano en todo el mundo, y en la empresa de los fundadores de la ciudad lo saben bien.

Hace diez años, en el punto en el que la Avenida Bunge termina frente al mar, la empresa fundadora inauguró una enorme escultura de acero inoxidable del artista Raúl “Pájaro” Gómez. Sus casi 10 metros de altura, y sus dos aspas que se mueven con el viento, convirtieron ese incierto punto de la ciudad en una referencia urbana y, en poco tiempo, la escultura se transformó en ícono pinamarense.

Niña con trenzas. obras de Antonio Devoto.

Niña con trenzas. obras de Antonio Devoto.

En 2012, también como parte de los festejos del aniversario número 70 del balneario, en el otro extremo de la Avenida Bunge, casi en la entrada de Pinamar, se instaló una mega estructura de Alberto Bastón Díaz. Construida en un acero especial que permanece oxidado eternamente, la obra mide 6 metros de alto por 6 de ancho y 8,50 de largo. Pesa casi 7.5 toneladas.

Las dos obras de tamaño monumental se financiaron mediante la venta de reproducciones a escala entre particulares que se convirtieron en filántropos urbanos. “Así se organizaban las grandes contribuciones artísticas en la ciudades de la pampa húmeda durante el siglo pasado”, señala Enrique Shaw, vicepresidente Ejecutivo de Pinamar S.A..

Raúl “Pájaro” Gómez. Junto a su obra Barco.

Raúl “Pájaro” Gómez. Junto a su obra Barco.

“Dibujando Espacios” de Gómez y “Los Pioneros” de Díaz fueron, las dos mega esculturas de Pinamar el principio de lo que parece ser la estrategia cultural urbana mas importante encarada por una ciudad balnearia. Un indicio de que Pinamar está dejando de mirar exclusivamente hacia sus playas y pinares.

Toro. De Ponciano Cárdenas.

Toro. De Ponciano Cárdenas.

Próxima a cumplir 75 años, la ciudad fundada por el arquitecto Jorge Bunge es una de las que más crece en la Argentina, y no es solo porque se llene de turistas en verano. Ya alcanzó los 50 mil habitantes estables y cuenta con notables ventajas institucionales, como una sede de la Universidad Argentina de la Empresa.

El despertar de América. De Ponciano Cárdenas.

El despertar de América. De Ponciano Cárdenas.

Después de sus dos emprendimientos artístico y urbanístico, Pinamar S.A. salió a buscar cuatro o cinco obras de autores contemporáneos reconocidos para darle un giro definitivo a la ciudad. Elsa Shaw de Canale, encargada de la tarea, cuenta que de pronto se toparon con una colección con más de 60 esculturas con un propietario dispuesto a radicarlas en la ciudad. El lote artístico cuenta con esculturas de Antonio Pujía, Gyula Kosice, Pablo Larreta, Rubén Locaso, Aurelio Macchi, Marta Minujín, Mariano Pagés, Miguel Nevot, Hernán Dompé, Luis Falcini, Bastón Díaz, Lucio Fontana, Lydia Galego, Jorge Gamarra y Antonio Devoto. Una buena parte de esas obras que ya se pueden ver en el Playas Hotel y en el Links Pinamar.

“Buscamos aportar una discusión positiva a la ciudad y generar una apropiación del espacio público y un cuidado del patrimonio colectivo que apuntale el orgullo de pertenecer a una ciudad”, señala entusiasmado Enrique Shaw.

La primera referencia que surge al ver el esfuerzo de la ciudad costera es la de Resistencia, Chaco. Una capital de provincia en la que sus habitantes valoran y se sienten orgullosos de su enorme patrimonio artístico, constituido de más de 600 esculturas de autores contemporáneos muy reconocidos. “Tres veces por año, los alumnos de las escuelas salen a limpiar y cuidar las obras de la ciudad, creemos que el arte no solo produce bienestar espiritual, también sentido de pertenencia”, explica Shaw.

La tradición artística de Resistencia nace en 1961, mediante una curiosa coincidencia de voluntades públicas y privadas. El puntapié inicial lo dio en 1954 la asociación cultural El Fogón de los Arrieros, que congregó a un grupo de artistas e intelectuales con voluntad de difusión artística. En 1961, El Fogón lanzó un plan para incorporar arte en el espacio público. Desde 1977, la continuidad de esa tarea estuvo a cargo de la cooperativa de vivienda COPROAR y, en 1991, tomó la posta la Fundación Urunday.

Hace siete años, el Parlamento del Mercosur declaró a Resistencia, la capital Mercosur de las Esculturas”.

Ah! me olvidaba de Dallas. La ciudad Estadounidense comenzó a llenar su espacio público con obras de arte cuando la el Nasher Sculpture Center le encargó a 10 artistas notables obras para celebrar el décimo aniversario del museo. Después se organizó un festival anual de arte público y así es como hoy, la ciudad texana incorpora centenares de obras por año, tiene un distrito de arte famoso en todo el mundo que organiza 80 instalaciones públicas temporales.

Antecedentes sobran. En cada una de estas localidades existe la voluntad de hacer urbanismo por amor al arte, porque es bueno para las ciudades y para los ciudadanos.